lunes, 29 de agosto de 2016

Segunda semana en Japón

Aquí se me pasa el tiempo volando, no me he dado cuenta y ya llevo dos semanas en Japón. Ahora que me voy haciendo a las costumbres, al idioma (un poquito) y a vivir con Hiroyo (y ella conmigo), empiezo a disfrutar de mi estancia aquí.

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención en la cultura japonesa es la religión. Los japoneses son mayoritariamente budistas y shintoístas, aunque hay también un pequeño grupo de cristianos. Por lo que he visto hasta ahora, la religión está muy presente en pequeños detalles cotidianos: en la entrada de las casas suele haber animales "guardianes", en otras también hay portales y mini-santuarios, y estos días sonaron varios avisos de bomba por todo el pueblo en conmemoración de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki (momento para rezar).

También he podido ver un ritual religioso al completo, se trata del obon, unas fiestas que se hacen en verano para honrar a los muertos (algo así como Todos los Santos). Durante el obon, las almas de los muertos van a las casas de sus familias para visitarles. Los familiares les homenajean de distintas maneras. Lo primero que hicimos fue ir a uno de los muchos cementerios que hay en el pueblo, a la tumba (ohaka) del abuelo de Hiroyo. Esta parte del ritual se parecía bastante a lo que había visto en España: los familiares limpiaron la tumba y pusieron flores. Luego encendieron varillas de incienso y fueron llevándolas y rezando uno por uno en la tumba. Hiroyo me dejó pasar con ella y le imité: puse una varilla de incienso encendida y junté las palmas de las manos e incliné la cabeza (manera de rezar de los japoneses, muy parecida a la nuestra, aunque lo hacen muy rápido, yo creo que no cabe un padrenuestro). Hiroyo no reza oraciones (que las hay, sutras budistas) sino que pide un deseo. Me estuvo contando que los budistas y los shintoístas rezan de distinta manera: los budistas frotan un poco las palmas de las manos antes de juntarlas y ponerse en actitud orante; y los shintoístas dan dos palmadas y luego juntan las palmas. Qué curioso...

Sonido del santuario




Al día siguiente hicimos otra ceremonia en casa de los padres. Allí tenían guardadas en un armario unas tablillas funerarias (ihai) con los nombres de sus antepasados. Los días del obon, sacaban estas tablillas y las ponían en un altar en un sitio especial de la casa. Un monje venía a rezar a las tablillas. Aprovechando que quería conocer a los familiares, me fui para la casa de los padres y estuve cotilleando. Tenían una habitación especial, muy decorada, con el koto de Hiroyo, donde habían puesto un pequeño altar. Esta sala la utilizaban para reuniones de negocios y ceremonias de este tipo. Muy distinta de nuestros "salones para las visitas", sin embargo. Había incienso, cuencos de agua, ofrendas de frutas y unas bolitas como de dango (arroz glutinoso). Mientras esperábamos al monje, una sobrina de Hiroyo que hablaba algo de inglés me explicó que los muertos tenían un nombre de difunto distinto al que habían tenido en vida. Junzô (padre de Hiroyo), por ejemplo, iba a cambiar una parte de su nombre que significa "tercero" para que significara "primogénito". Por lo visto, la mayoría de las veces es el monje el que te pone el nombre de muerto, que es el que se graba en el ihai y en la tumba. Me pareció super curioso.




Por fin, cuando ya estaba cansada de ver el béisbol por la tele, llegó nuestro querido ossan (palabra cariñosa para monje). Estaba rapado y llevaba una túnica oscura. Pasamos a la habitación especial y nos sentamos en el suelo. El monje golpeó un cuenco tibetano y una especie de tambor de calabaza varias veces, como para coger ritmo, y empezó a recitar una letanía en sánscrito. Creo que estuvo diez minutos cantando y golpeando la calabaza rítmicamente, parando sólo para coger aire. Me impresionó mucho, lástima que no lo haya grabado! Cuando terminó, el monje se tomó un té frío con nosotros, y me preguntó cómo eran los rituales religiosos en España. Le expliqué que los curas decían unas palabras sobre Dios y todos respondían "amén" y se santiguaban. Era majete, la verdad. Después nos fuimos a comer en familia a un restaurante del pueblo (menudos udon, qué buenos estaban!).



No pude sacar fotos del altar de la familia de Hiroyo, pero he puesto fotos de un altar y unas ihai de un templo.Creo que a Hiroyo le tocó ir alguna vez más al cementerio a rezar, pero yo no estaba por la labor de levantarme a las cinco de la mañana esos días (si conseguía dormir hasta las seis, me daba con un canto en los dientes). El obon terminó el lunes pasado, y fuimos al santuario a llevar unas varillas de incienso. Nos quedamos hablando en la puerta (como siempre, pregunto todo lo que veo) y el ossan del otro día nos vio y nos invitó a pasar, algo poco habitual. Nos enseñó la sala donde tenían todos los ihai de las familias del pueblo. También nos estuvo explicando las estatuillas que habían sacado a la entrada: una serie de señores sentados, una vieja desnuda, y en un altar, un señor con un espejo y la cara roja. Delante de ellos había más ofrendas de pastelitos y fruta, y por todas partes había papeles con caligrafía. Os pongo una foto de otro templo, para que os hagáis una idea del espacio. Hay que descalzarse para entrar. La foto de debajo es del templo Seiraku-ji, donde vimos las estatuillas.




Según nos explicó el ossan, las estatuas representaban a las deidades con las que se encontraban las almas al morir. Primero se encontraban con la vieja desnuda, obaasan, que les quitaba la ropa y los dejaba "como vinieron al mundo". Luego se iban encontrando con esos señores que véis sentados, que les iban juzgando. El quinto en aparecer era Enma-sama, el de la cara roja, que es "gran dios", y lleva un espejo en el que el muerto ve reflejada su vida y todos sus actos, buenos y malos. Enma-sama se encarga de juzgar si vas al paraíso (rakuen) o al infierno (jigoku). El resto de deidades no recuerdo qué hacían...

La verdad es que el monje emanaba serenidad y fue muy atento con nosotras. Nos regaló un abanico caligrafiado y todo! Recuerdo que le pregunté qué le había impulsado a hacerse monje. Me contó que su padre era monje antes que él, y que lo había heredado. Estaba casado y tenía una hija, a la que me presenté en mi rudimentario japonés. Me sorprendió gratamente ver que los monjes budistas se pueden casar y tener hijos; aunque por lo que me dijo Hiroyo, sólo los hombres lo hacen, ella no sabe de ninguna monja budista que se haya casado. Ah, y también le pregunté al monje que cómo hacía para estar rezando tanto tiempo seguido, y me contestó que respirando con el diafragma. Os dejo con una grabación de lo que sonaba en el templo.


Y esto es todo en lo que respecta a los budistas. Unos días después, aprovechando una excursión a Ena, pasé por un santuario shintoísta y no me resistí a ver de cerca esa puerta roja que había divisado desde la carretera. La puerta se llama torii y es un símbolo de los santuarios shintoístas.


 Aunque se distinga por el torii y las banderillas rojas, el templo shintoísta tiene muchos puntos en común con el budismo, por lo que vi. Agua para lavarse las manos, animales guardianes (zorros o kitsune con pañuelos atados al cuello), campanas y templos de madera con tejados salientes a dos aguas. El templo shintoísta estaba cerrado, pero tenía una pequeña tiendecita de artículos sagrados. Compré una bolsita para tener un buen viaje y también un papelito de la suerte. El papelito me pronosticó la mejor de las suertes, pero a condición de que tratara bien a mis padres... ¡vaya, vaya! No soy nada creyente, pero he de admitir que el papelito dio en el clavo. Lo até a unas barras que había en el templo para que se hiciera realidad. También toqué la campana y deseé volver a Japón cuando hubiera aprendido el idioma.

Campana








He podido visitar unos cuantos templos en este viaje. Siempre que entro, me sorprendo: no están hechos para ser visitados todos los días, no hacen misa, como las iglesias cristianas. Y no tienen tanta decoración como nosotros, por lo menos los que he visto, eran más bien austeros. Tenían budas, alguna deidad, vasijas y muebles decorados, muchas telas y papeles caligrafiados... un rollo muy diferente. Los monjes y las mujeres con las que he hablado (esposas e hijas del monje en cuestión) han sido siempre muy amables con nosotras. Hiroyo me dijo, la última vez, que había sentido el wabisabi, que por lo visto es algo así como una serenidad que emana de las cosas austeras e imperfectas. A mí todas estas cosas me parecen curiosísimas, mientras que a Hiroyo le dan un poco igual. Estuve hablando con ella hace un par de noches sobre el tema de la religión y parece que la misma fascinación que tengo yo hacia Japón la tuvo ella cuando estuvo de visita en España. Me contó que una vez había ido a misa, y había besado al Niño Jesús, y que para ella eso había sido una experiencia increíble. ¡Que le habían impresionado tanto las luces, las estatuas y las canciones, que se había echado a llorar! Vaya, vaya... admito que el tema de la misa lo tenemos bien montado.

Le estuve haciendo algunas preguntas más. Aparte del tema de rezar, que lo he comentado al principio del artículo, también me ha explicado cosas de los monjes, las monjas y el sentimiento de los japoneses. Para empezar, el cargo de monje se hereda de padres a hijos. En seguida me surgió la pregunta "¿y si el hijo no tiene fe y no quiere ser monje?" Por lo visto, es bastante estricto eso, porque Hiroyo me dijo que esos chicos se convertían en "malos monjes". Segunda pregunta, ¿y las hijas, pueden heredar el cargo? No igual que los hombres. Hiroyo me dijo que las monjas -amasan- solían ir a los templos grandes para apoyar a los monjes con las tareas, pero que normalmente no había ninguna que fuera "directora" de ningún templo. Le pregunté por qué y me dijo que algunas de las tareas del monje eran muy duras para una mujer. Igualmente, las esposas de los monjes suelen ayudarles en las tareas (por ejemplo, ayer la mujer del ossan del templo nos lo enseñó, porque su marido estaba ocupado). Y, mientras que la mayoría de los ossan se casan y tienen hijos, las amasan por lo general no lo hacen. Hiroyo no me ha sabido decir si es que tienen un voto que se lo prohíbe, como en España, o es sólo una continuación del machismo japonés. Es una de las cosas que menos me gusta de su sociedad, que pese a su desarrollo tecnológico y económico, sigan siendo tan machistas, además de homófobos. Creo que en eso nos llevan veinte años de retraso... aunque ya comentaré más sobre ese tema en otra entrada.

Por último, le pregunté si los japoneses eran muy religiosos. Por lo que me contestó, creo que la situación está más o menos como en España: la gente mayor es más creyente, hay algunos practicantes pero no son mayoría, y los jóvenes tienen poco interés por la religión. Con la diferencia de que shintoísmo y budismo se dan la mano (el templo que hemos visto hoy en Kyoto tenía ambos tipos de santuario), mientras que España somos más separatistas. Y con esto termino la entrada de hoy. Os dejo con una pequeña curiosidad japonesa, no sé muy bien si es algo religioso o una superstición, pero desde luego es algo común. En las entradas de las casas y negocios, acostumbran a poner figuritas de animales que supuestamente traen felicidad, buena suerte y clientes. Os dejo con algunos animales guardianes:


Manekineko
Gato de la suerte, con su patita atrae a los clientes (y al dinero). Suele estar en las tiendas y restaurantes. También es típico en China. Los hay de todas formas y colores; por supuesto, me he comprado uno :3




Tanuki
Especie de tejón con los huevos muy grandes. Se supone que puede transformarse en cosas y en humanos. Hay una película muy maja de Studio Ghibli sobre los tanukis llamada Pompoko.



Kitsune
En nuestra cultura el zorro se asocia con la astucia y a veces con la mezquindad; pero no es así para los japoneses. Es un animal mágico y tiene poderes tanto buenos como malos. En este templo, los fieles le han puesto unos pañuelos y creo que tiene algo que ver con el éxito en los negocios.



Fukurô
En la foto, el búho tiene un cartel al lado que dice irasshaimase, "bienvenido". La palabra fuku de fukurô significa "felicidad". He comprado unos cuantos para repartir felicidad a mis amigos de España. Todas las fotos eran mías, menos esta imagen, que está sacada del blog dailyglimpsesofjapan.blogspot.com.es



lunes, 15 de agosto de 2016

Primera semana en Japón

Llevo ya una semana en Japón y tengo la sensación de que ha sido mucho más. Los días aquí son muy intensos - no es que lleve un ritmo de vida muy agitado, muchos días sólo salgo de casa para ir al supermercado (suupaamaaketto)... pero es que yo flipo con cualquier cosa de aquí, incluso con un supermercado!

No quería extenderme mucho en esta entrada, aunque tengo muchísimas cosas que contar; pero he preferido sintetizar mi experiencia en un vídeo que grabé viajando en coche de Iwamura a Tajimi, y viceversa. En el vídeo hablo con Hiroyo, mi anfitriona, sobre distintos aspectos de la cultura japonesa. Creo que tiene más gracia que veáis a una nipona hablando de su país que os lo cuenta una gaijin (extranjera) como yo. Por cierto, hay algo de ruido de fondo en el vídeo, así que recomiendo escucharlo con cascos (no está subtitulado, la mayor parte de la conversación es en español).



Japón es totalmente distinto a España, es como irse a otro planeta. Los primeros días estaba muy desubicada, pero ya empiezo a acostumbrarme al modo de vida nipón: levantarse a las cinco-seis de la mañana, desayunar sopa de miso y arroz, saludar con reverencias, quitarse los zapatos al entrar en casa y al ir al baño, que el váter tenga más funciones que un ordenador...




El paisaje de Iwamura es precioso: casitas de madera y arrozales. Por lo visto, está considerado como el mejor paisaje de Japón. No se parece nada a la imagen que tenía de las grandes ciudades llenas de neones y multitudes, pero se vive bien aquí. Es, en algunos aspectos, parecido a la vida en los pueblos españoles. También hacen fiestas en verano, con fuegos artificiales (hanabi). Ayer estuve en una barbacoa familiar (yakiniku) y se estaba la mar de a gusto...




Hablando de comida, este es nuestro desayuno, que en japonés se dice asagohan (literalmente, 'arroz de la mañana'). El nombre le va que ni pintado, porque consiste en sopa de miso, arroz blanco, té verde, y lo que haya: el día de la foto comimos tortilla francesa o tamagoyaki y unas judías de soja que, aunque parecen olivas, son dulces. Al principio me chocaba, pero cuando me llevaba un par de días levantando a las cinco de la mañana, esto me entraba mejor que el colacao! La comida de aquí es muy distinta a la española, e incluso a la comida japonesa que había probado en España. Todo sabe salado, amargo, ácido o picante, hay un montón de variedades de alga, como muchísimo arroz (para ellos es el pan de cada día), el dulce casi no existe... nada es lo que parece, el otro día probé unas ciruelas llamadas umeboshi y esperaba que fueran dulces, como las españolas... pues no! Son la cosa más salada que he comido en mi vida! Kirai!





El váter es pura tecnología japonesa! De momento, sólo he aprendido a usar la cisterna. Y a cambiarme de zapatillas para entrar al cuarto de baño. En Japón, la ducha y el váter están en cuartos distintos. Por lo visto, el váter les parece algo súper sucio y hasta se cambian de zapatillas para entrar al cuarto de baño. Pero no tiene nada que ver con que el baño esté limpio o no, creo que es algo cultural. Quizá por eso los váteres son tan sofisticados... por cierto, en España solemos reírnos de que coman tanto arroz diciendo que deben de ir estreñidos todo el día. A mí todavía no me ha pasado eso. Más bien lo contrario...




Mi anfitriona, Hiroyo, está haciendo la tesis doctoral en Bellas Artes a sus 54 años. Mi misión aquí es corregir sus textos, aunque su español es tan malo que a veces siento que estoy traduciendo, más que corrigiendo. Me enseña muchas cosas sobre la cultura japonesa y el idioma, de hecho, la tengo frita de tantas preguntas que le hago. Por ahora he aprendido a presentarme, dar las gracias, pedir agua y otras expresiones cotidianas. Sé hacer frases muy sencillas y hablar un poco de lenguaje formal e informal. Parece mentira que hace un mes estuviera estudiando hiragana y katakana, en una semana aquí he aprendido muchísimo. Pero es que lo necesito para sobrevivir. Por aquí hablan poco inglés y la única que habla español es Hiroyo. Tengo que estudiar más... mi objetivo es poder ir sola a Kyoto para visitar el museo del manga.

Iré contando más cosas conforme pasen los días. Echo mucho de menos España. Japón no es como me lo imaginaba, pero estoy aprendiendo mucho.





miércoles, 3 de agosto de 2016

Aprendiendo japonés con Otoño

Ya me queda muy poco para coger el avión rumbo a Japón! Voy a estar del 6 al 25 de este mes en el país del sol naciente. Creo que no he contado nada por aquí, así que lo voy a explicar brevemente por si alguien no se ha enterado.

Tengo una conocida japonesa que me ha invitado a su casa a cambio de que le ayude con la tesis. Se llama Hiroyo y es algo mayor que yo, hace unos años estaba en mi facultad haciendo el doctorado y yo siempre la saludaba y le preguntaba cosas sobre Japón (en aquellos tiempos todavía recordaba algo del japonés que estudié en bachillerato, seguro que le hacía ilusión que alguien le hablara en su idioma). El caso es que la chica se volvió a Japón cuando acabó el curso y ya no supe más de ella hasta hace un par de meses, cuando de repente me escribió un correo pidiéndome ayuda con la tesis. Necesitaba que le ayudara a redactarla en español porque su español no es muy bueno. A cambio, me invitaba a su casa en Gifu, una pequeña ciudad cerca de Nagoya. Yo acepté sin dudarlo! Y, para mi sorpresa, mientras intentaba convencer a mis padres y contaba mis ahorros, me encontré con que la chica estaba dispuesta a pagarme el avión. Así que ya no hubo marcha atrás: iba a pasar el verano en Japón.

Me costó bastante tiempo hacerme a la idea, la verdad. Y eso que Japón es mi tierra prometida (todo lo que me gusta viene de allí). Quizá por eso, y por ser tan caro, me había autoconvencido de que nunca iría allí. Y de repente, por ser simpática, me llega este viaje caído del cielo. Además, voy a visitar Japón conviviendo con japoneses, que es muy distinto de ir a hoteles y hacer turismo. Siempre he querido saber cómo viven en su día a día, cómo se relacionan, y realmente creo que esta es la mejor manera de averiguarlo. Creo que voy a estar bastante ocupada traduciendo la tesis de esta mujer, pero espero poder viajar un poco y visitar algunos sitios (Gifu está al lado de Nagoya y Nagoya está a medio camino entre Kyoto y Tokyo).

De momento, he vuelto a retomar el idioma japonés, que lo empecé a estudiar por mi cuenta hace unos años y lo acabé dejando... (como el resto de mis papeles, también le estoy quitando el polvo). Para hacerme el estudio más ameno, me he impreso una libreta con unas ilustraciones que hice ayer de Luci en plan sexy y de vez en cuando cuelo algún dibujito entre los apuntes. Es mucho más divertido aprender japonés con Otoño.









 Luci se presenta (watashi wa Luci desu, hajimemashite) y Nacho le contesta (watashi no namae wa Nacho desu. Yoroshiku onegaishimasu). Atentos a las pintas de Nacho, que se ha travestido para la ocasión con un kimono y unos adornos para el pelo entre los que destaca una especie de boñiga atada con una venda.

martes, 2 de agosto de 2016

Polvo de papel

Muchos de los seguidores de Otoño quizá os preguntéis cómo he llegado a dibujar así. No voy a presumir de calidad en cuanto a realismo y virtuosismo, y no voy a ocultar que solía suspender dibujo en la carrera. Pero el estilo que tengo, por humilde que sea, me ha llevado bastantes años de trabajo y de experimentación, como a todos los artistas. Ahora que he vuelto a casa por vacaciones, he estado organizando mi habitación y he sacado a la luz una cantidad increíble de papeles y de polvo. Mis cuadernos de dibujo, mis apuntes de natural, las clases teóricas, las fotos del interrail, mis cuentos de bachillerato, hasta unas cartas de mi primer novio... ha salido de todo!

De vez en cuando me toca ordenar la habitación y es casi un ritual de la memoria: tengo que decidir qué tiro y qué conservo, qué se queda y qué guardo en el trastero o en otros rincones de la casa. Es necesario quitar cosas viejas para dejar espacio a las cosas nuevas. Soy un poco obsesiva con este tema, me da mucha pena tirar cosas con las que he tenido un vínculo afectivo, aunque ya nunca las use.

Esta foto debe de ser de 2011 - de mi primer Interrail Esos son mis amigos de Zaragoza, que han inspirado muchas de las aventuras y personajes de Otoño. Y la del centro soy yo con 19 añitos...

Excavando en mis estanterías y en mis armarios, he ido sacando carpetas de la carrera y he llegado hasta los dibujos que hacía en bachillerato, es decir, mis pinitos artísticos. Por aquella época (2009) iba a una academia de dibujo para prepararme para entrar en Bellas Artes, aunque ya no hicieran prueba de acceso, y ya no era tan divertido como cuando simplemente dibujaba por placer. Y en mis ratos libres leía muchísimo manga, mi época friki estaba en plena ebullición, estudiaba japonés, veía anime y no me perdía un salón del cómic ni las "Jornaicas" que se celebraban en Zaragoza.


Como todo el mundo, aprendí a dibujar copiando a otros. Copiaba los mangas que me gustaban y luego me pasaba las clases dibujando y pensando en las musarañas. También leía manuales de "cómo dibujar manga" de pe a pa. Estos dibujillos son una fantasía homoerótica con Naruto y Sasuke. En aquella época me era más aceptable dibujar a chicos juntos que a chicas.



Esta lámina no se lee muy bien, porque está hecha a lápiz, pero es una gracia que hice para el concurso de caricaturas del colegio. Mi tema eran los filósofos sexys y dibujaba a Platón, a Kant y a Freud haciendo comentarios eróticos; pero lo mejor eran las caricaturas del profesor de Filosofía con un látigo y unos pantalones de cuero y del profesor de Lengua con su frase típica "yo soy guapísimo" que utilizaba para explicar las oraciones con predicado nominal. Para mí fue una revolución el dibujar a mi profesor en este rollo sexy... aunque me lo imaginaba de esa guisa mientras estaba explicando que nuestra vida era un sueño de Dios y que las leyes de Newton eran falsas... (luego estaba tan motivada que sacaba dieces, jeje). El otro profesor tampoco está en el ranking de los filósofos sexys por casualidad, me inspiró muchísimo y fue el primero en leer mis cuentos y poemas.




A decir verdad, no entiendo muy bien de qué va esta tira. Salen dos amigos míos dándose un baño con Link (el protagonista de Zelda) y hablando de tamaños de penes. De pronto hay una viñeta feliz con Link en versión chibi moviendo la colita rodeado de penes... en fin, supongo que ya apuntaba maneras. Por cierto, la tira se lee en sentido oriental, como los mangas que leía por aquel entonces.



Este cómic no llegó a pasar de la primera página, y es una pena: se trataba de una historia corta en la que una chica y un chico se intercambiaban los cuerpos. La página que dibujé corresponde a la chica (con cuerpo de chico) poniéndose cachonda al entrar al vestuario masculino y ver a todo quisqui en bolas. Es una pena que no haya dibujado más, en los bocetos la chica iba desnuda y tenía el pelo negro y largo (a quién me recuerda?) ;) pues la historia se me ha quedado pululando en la mente y de vez en cuando reaparece, así que no os extrañéis si acabo metiéndola en el cómic.

He dejado para el final lo mejor: mi primer cómic. Es una manera de llamarlo, porque lo empecé y lo dejé a las cinco páginas; pero se puede decir que fue la primera vez que tenía una historia completa y que me senté a desarrollarla poniendo toda mi técnica en el empeño. Os vais a dar cuenta en seguida de la influencia del manga (aparte del sentido de lectura oriental, uso líneas de movimiento y encuadres típicos de manga, además de tramas colocadas a mano). El cómic cuenta una anécdota que me pasó con mis amigos a la salida de la academia de Dibujo: nos encontramos una paloma herida debajo de un coche e intentamos salvarla. Para mí fue algo tan emocionante que tuve la necesidad de contarlo, y esto es lo que salió.






Ay, qué pena, a la sexta página me cansé!! Lo cierto es que me llevaba muchísimo tiempo hacer cada página, entre lo mal que dibujaba y las tramas y las líneas hechas con regla y los efectos... en fin, ahí podéis ver mi estilo en 2009. La perspectiva es un poco medieval y de las caras ni hablemos, además que el flujo de lectura es chungo, pero tiene su gracia.

También he encontrado unos cuantos fanzines de los años 2007 a 2010... la verdad es que ahora los miro y algunos (no todos) me parecen chunguísimos, pero por aquel entonces no tenía tanto criterio y compraba a la gente que me caía bien (jeje, eso lo sigo haciendo ahora, en verdad). Me pregunto qué habrá sido de los artistas que comenzaron haciendo sus pinitos en estas publicaciones, creo que algunos han seguido y han llegado a ser fichados por editoriales... 


 Ahora ya no compro tantos fanzines, me he pasado a los cómics antiguos y a ser posible eróticos: la revista Kiss Comix, el Víbora, Cimoc, y una revista italiana de los años 70 llamada Lesbo son algunas de las curiosidades de mi colección. Parece que, tanto en mis dibujos como en mis colecciones, me he refinado con los años :)













lunes, 4 de julio de 2016

Ejercicio final: cómic colectivo

Con el ajetreo de final de curso he tenido mogollón de trabajo extra y me he tomado unas semanitas de descanso. Pero no voy a negar que echo de menos el taller, ahora no sé qué hacer los jueves... echo de menos a mis alumnos :`) bien está lo que bien acaba, y como ejercicio final de curso hicimos un experimento la mar de interesante que os voy a explicar ahora.

Yo llevaba un tiempo acariciando la idea de hacer un cómic colectivo, cuyos personajes, guión y dibujo estuvieran hechos entre todos; y no lo había querido plantear a mis alumnos porque los veía muy verdes y porque nuestras clases duran sólo una hora. Pero Dani, el coordinador del Laboratorio, nos dio la oportunidad de hacer una exposición con los trabajos hechos en el taller, y les pregunté a los chicos que qué querían hacer para la expo. Y, sorprendentemente, uno de ellos (Alexander, si no recuerdo mal), propuso hacer un cómic entre todos. Y les gustó la idea, así que nos pusimos manos a la obra!

Dedicamos una sesión a diseñar los personajes. Para ello, recurrimos a un sistema basado en el azar: cada uno escribía tres características (una física, una psicológica y una acción) en tres papelitos distintos. Después barajábamos los papelitos y repartíamos uno de cada tipo a cada uno. Con las tres características que nos habían tocado, teníamos que inventarnos un personaje. Tengo que reconocer que salieron unos bichos bastante bizarros, con tendencia a cagarse y a la doble personalidad. Había un gato, dos zorros, una chica-gato, un pájaro con mala leche, un monigote cagón, un ogro dormilón, una niña-vieja y una vieja con un calcetín en la mano. Aquí tenéis un resumen del elenco de personajes:



Dios los cría y ellos se juntan...



Mi personaje era un zorro azul adicto al té que tenía doble personalidad: de normal era muy simpático y un cultureta, pero cuando le faltaba el té se volvía loco.


El personaje de Paula era una chica-gato a la que le gustaba dormir y fantasear con tíos buenorros...


Hacer el guión fue mucho más difícil. Creo que nos costó tres clases. Queríamos una historia que tuviera una presentación, un nudo y un desenlace, y en la que aparecieran todos los personajes. El problema era que los personajes eran muy dispares y los chicos no sabían muy bien cómo hacerlo. Pero a base de darle vueltas y vueltas y apuntar todo lo que se nos ocurría en la pizarra, fuimos descartando cosas e hilando situaciones y llegamos a elaborar un guión. 





La verdad es que conseguimos que hubiera de todo. La historia comienza con un poco de misterio, cuando los personajes llegan al albergue regentado por la vieja del calcetín en una noche de tormenta. El zorro azul la lía porque no hay té. A la mañana siguiente, ha desaparecido y los personajes exploran la casa en su busca. El monigote se encuentra a la vieja hablando con el calcetín, y empieza a sospechar que la vieja le ha hecho algo malo al zorro. Pero la zorra voladora lo encuentra en la despensa, agotado por el "mono", y le ayuda a conseguir té. Le intenta hacer volar y saltan desde un altillo, cayendo el zorro por un agujero que se abre en el suelo. Es la primera de una serie de trampas que van a encontrar en la mansión. En la siguiente escena, aparecen el zorro y el gato en una habitación dividida por un cristal. Cada uno tiene lo que el otro quiere (el zorro tiene una calculadora y el gato, unas tazas de té), y se pelean por conseguirlo. El zorro, loco perdido, le da un puñetazo a la calculadora, pulsando casualmente las teclas que abren las compuertas del suelo, y vuelven a caer. Ahora, todos los personajes aparecen en una sala oscura y los dormilones se quedan dormidos. La vieja-joven propone darles el té para despertarlos. Con lo que el zorro se vuelve a enfadar y a dar saltos por toda la sala, haciendo sonar una alarma y activando otra trampa. Esta vez, todos caen a una lavadora gigante que se va llenando de té. Sí, habéis leído bien, se llena de té. Los personajes, viendo que van a morir, se despiden emocionados. Y cuando parece que van a ahogarse en el té... caen a un plató de televisión. Todo era un montaje: han sido parte de un reality show presentado por el calcetín (el de la vieja). El reality show, por cierto, pertenece a un canal de televisión para prendas de vestir.

Recuerdo las sesiones de guión con cariño, la verdad es que me lo pasé muy bien con ellos. Aunque me encargaba de coordinar el asunto, a su vez estaba poniéndome al nivel de mis alumnos, trabajando con ellos como una más. Casi me muero de la risa cuando Álex propuso lo del reality show presentado por el calcetín (por supuesto, tenía que ser Álex, sólo a él se le ocurren esas cosas). La historia comienza imitando el género de acción y suspense, pero tiene de pronto ese giro de guión al final que le da un toque de gracia.

El siguiente paso (creo que fue una clase más) fue dividir la historia en páginas y repartirnos cuál dibujaba cada uno. Procuramos que las páginas en las que un personaje determinado tenía mucho protagonismo fueran dibujadas por su creador. Para los chicos fue un reto bastante grande tener que dibujar los personajes de los demás, los adaptaron a su estilo, de alguna manera. También les di cierta libertad para desarrollar su página: sabían qué es lo que pasaba, cómo empezaba y cómo terminaba la escena; pero entre medias podían desarrollarla como quisieran. Así podían mostrar no sólo su estilo de dibujo sino su capacidad de narrar. Acordamos hacerlo simplemente a línea y entintado, por una cuestión de tiempo, y porque no se sentían muy seguros con el color. Y esto es lo que salió.


Claudia


Mónica


Yo

No he podido escanear la de Alexander, que es un despistado y en vez de dejármela, se la llevó a casa. Pero dibujó la escena en la que el monigote encuentra a la vieja hablando con el calcetín.

Yago


Carla


Paula

Ainhoa


Álex


Nueve dibujantes, nueve páginas y nueve personajes en un guión alocado y absurdo. Me parece interesante verlo ahora de nuevo, comparar la manera de narrar que tiene cada uno (Yago, por ejemplo, es super sintético y diseña muy bien las páginas; yo uso mogollón de diálogos, a Ainhoa apenas se le entiende, Mónica es muy detallista...). También me hace gracia cómo los personajes cambian según el estilo de quien los dibuja. Y así reflexionando un poco a posteriori, me aventuro a pensar que este cómic es un reflejo de lo que somos. Mis ocho alumnos y yo somos un puñado de desconocidos que se han embarcado en una aventura, el taller de cómic. Cada es uno de su padre y de su madre, aunque tenemos algunas cosas en común. No me parece una casualidad que mi zorro se lleve tan bien con el personaje de Mónica, con la que me encanta hablar después de clase. Y el personaje de Alexander tenía un carácter bastante histriónico que me recordaba un poco a él mismo, que es bastante independiente. Álex, por su parte, tenía un personaje (el pájaro asesino y cagón), pero le quitó importancia para conseguir que la historia tuviera un final más gracioso, se sacrificó un poco por el beneficio común. Y Claudia, bueno, no voy a compararla con la vieja del calcetín, pero la felicité por haber convertido su debilidad (no le salen bien las manos) en una fortaleza y crear un personaje esperpéntico. Creo que, a pesar de que los personajes se habían construido en base al azar, todos nos acabamos proyectando en ellos. La historia también refleja nuestro sentido del humor; y ese final absurdo es quizá una respuesta a las cosas que no entendemos o que no nos gustan del mundo, porque el mundo es muy absurdo.





Al final, conseguimos terminar el cómic a tiempo para la exposición. Yago, Paula y Claudia se quedaron conmigo a montar después de clase. Aproveché para conocerlos un poco mejor, ya que en clase siempre estamos hablando de cómic, y les invité a una Coca-Cola. El sitio donde exponíamos era el centro Animarte, otra casa de juventud más grande y que está muy cerca del Laboratorio. Concretamente, exponíamos en su hall, en unos paneles negros que nos sacaron los monitores. El montaje fue muy sencillo: pusimos cuerdas de tender en los paneles y colgamos los dibujos con pinzas. Naturalmente, fue idea mía U^_^  ya conocéis mi obsesión por las cuerdas de tender... hicimos una panorámica del curso con los ejercicios más representativos y de los que más dibujos tenía (algunos alumnos no se habían acordado de traerme sus trabajos a tiempo y apenas aparecían en la exposición). También tendimos una cuerda de una punta a otra de la sala y ahí colgamos el cómic colectivo. Esa cuerda, que delimitaba el espacio, estuvo sólo el día de la inauguración, porque el resto de días esa sala está llena de mesas y de niños jugando. Hicimos un buen trabajo en equipo.

Y llegó el día de la inauguración, que fue justo el día siguiente. Yo estaba nerviosa perdida... porque llegaba justa de tiempo... (qué hice ese día? ah, sí, me fui a comer...) y había algunos alumnos que tenían que traerme cosas antes de empezar la presentación. Pero no hubo nadie que llegara a tiempo, realmente, fui la primera y los demás fueron llegando. Para mi desilusión, no vinieron todos: uno de los alumnos estaba de viaje (pero no me había dicho nada) y otra, sencillamente, se olvidó. La mayoría de los que vinieron pudieron traer a sus padres, eso estuvo muy bien.

Cuando ya había bastante gente en la sala (se nos sumaron algunos curiosos que andaban por el centro Animarte en ese momento), hice la presentación de la exposición y los alumnos me ayudaron, cada uno explicó un ejercicio a los padres. Eso estuvo muy bien porque daba la sensación de que la expo era una cosa colectiva (no sólo una clase dirigida por mí). Luego me quedé charlando con los padres, felicitándoles por sus hijos, etc... como notaba que mis chicos no se apreciaban todo lo que deberían, pensaba que tal vez esa inseguridad les venía de que sus padres no les apreciaban sus cualidades, pero vi que los padres estaban muy al corriente del talento de sus chicos y les apoyaban. Me llevé alguna sorpresa muy agradable, me enteré de que Yago quería estudiar Diseño y que Mónica quería ser profe de Historia del Arte (en parte inspirada por mí, según me dijo la madre mientras la hija ponía cara de vergüenza). Y la madre de Álex era una rockera y tenía tan buen sentido del humor como su hijo.


De izquierda a derecha: Carla, Yago, Claudia, yo, Paula, Álex y Mónica.
Vaya cara de satisfacción que tengo :)


Me costó mucho despedirme de ellos... sólo fui capaz de recomendarles que leyeran el manual Hacer cómics de Scott McCloud y de desearles mucha suerte en sus cómics futuros. La verdad es que, como son un poco tímidos en cuanto a expresar sentimientos se refiere, no pude mostrarles todo el cariño que realmente les había cogido. Pero si alguno está leyendo esta entrada, me gustaría que supiera que me ha gustado mucho estar con ellos este curso, que he aprendido de ellos tanto o más que ellos de mí... y que ayudándoles me he ayudado a mí misma, creo. Que me he reído mucho con ellos, que tienen mucho talento y espero que aprovechen todo lo que han aprendido conmigo para hacer unos pedazo de cómics...






domingo, 3 de julio de 2016

Ralladas

















Ahí lo tenéis. Esto es todo lo que he sido capaz de dibujar en los dos últimos meses... La verdad es que he tenido un fin de curso intenso, mayo y junio también son meses de curro para los profes. Y me han venido unos encargos a final de mes que me han dado dinerito pero me han tenido liadísima. Así que, aunque volvía a tener a mis personajes dando vueltas por mi cabeza, quitándome el sueño de noche y haciéndome soñar despierta de día, nunca llegaba a ponerme, y lo único que hacía era rallarme con estas cuestiones que podéis ver sobre estas líneas... al final... tuve que hacer una tira sobre ello, para desahogarme.

Pero no hay que deprimirse! Ya he asumido que necesito tener tiempo para mí: si quiero continuar con Otoño, no puedo tener tres trabajos, ocuparme de la casa, salir de tuna y dibujar en mis ratos libres. Otras personas sí que serían capaces, en mi lugar, pero yo, que soy dispersa por naturaleza, no puedo centrarme con tantas distracciones alrededor. Para que os hagáis una idea... empecé a dibujar esta tira a principios de mayo (después del expomanga), la terminé a final de mes (edición digital incluida); pero no he sido capaz de subirla al blog hasta el maldito 3 de julio!!!

Ahora que estoy de vacaciones, voy a tener por fin tiempo para mí y para mis personajes. Aunque no os esperéis que me dibuje un libro entero en un verano, porque voy a hacer un par de viajes... pero estoy segura de que algo voy a avanzar. Estoy contenta de volver a casa y vuelvo a tener ganas de dibujar. Al fin y al cabo, Zaragoza ha sido el escenario de muchas de las historias que inspiraron este cómic...

Por cierto, si alguno todavía no habéis comprado Otoño, aprovechad, porque ya quedan pocos ejemplares. Podéis conseguirlos en Zaragoza, además de a través de mí, en la tienda de cómics Taj Mahal. Y los madrileños lo tenéis en la librería de Bellas Artes, que abre todo julio.

Casi se me olvida, no he comentado nada del proceso de la tira, estoy perdiendo las buenas costumbres!! Pues he de reconocer que, aunque sabía lo que quería contar, me costó bastante pensar en las imágenes que iba a emplear. Y también me costó que los dibujos resultaran creíbles... es verdad que estoy perdiendo mano... pero para la guarrería siempre tengo mano, como podéis ver :) sabía que quería hacer unas buenas "ralladas" y probé con carboncillo, que como tiene una textura granulada, contrastaba con las líneas a tinta de los personajes. Pinté cada cosa por separado y lo monté por Photoshop. Respecto a Marina, prefiero no contar nada más de lo que ya se ve en la tira... pero... tal vez a los que han jugado a Life is Strange les resulte familiar su carita :) ya la conoceréis...

lunes, 2 de mayo de 2016

Canción de Nacho

Vídeo de la presentación del cómic que hice el pasado martes en la Facultad de Bellas Artes. Al final de la presentación canté la canción de Nacho (la que Nacho le enseña a Isa en el capítulo 7). Está dedicada a Fran, a Marcos y a Xavi; y a todos los que me inspiran. Espero que la disfrutéis...